Problemas estéticos y teóricos de las leyendas colombianas
(Vistas desde un ángulo antropo-semiológico y psicoanalítico)*
histórico.
Hace algo más de dos décadas, comencé a trabajar las leyendas colombianas. Como antropólogo en los trabajos de campo, en las universidades donde enseñé, inicié una recolección de ellas, por medio de entrevistas a campesinos e indígenas de las diversas regiones de mi país. A partir del DEA en Antropología, realizado con Claude Lévi-Straus en París, mi interés fue creciendo y poco a poco me he ido sumergiendo en estas cosmovisiones, en una mirada que se fue ampliando, ya que en algún momento me percaté que la antropología no podía hacer caso omiso ni del psicoanálisis, ni de la semiología como de la lingüística y la ecología, en todo lo que ellas podían aportar para profundizar sobre estos Imaginarios.
Poco a poco fui seducido por las imágenes extraordinarias que contienen estas leyendas y fue así como di el salto para llevarlas a cabo a través de la pintura. Pinto desde mi infancia, y precisamente los llamados comics, (o tiras cómicas, o penecas), como otros dicen, hicieron parte de del acervo cultural de mi adolescencia, ya que coleccionaba con fervor, debajo de mi cama, una hermosa colección de comics - que iban desde Tarzán hasta Superman y Batman-, revistas que no solamente leía sino que, además, me deleitaban con sus dibujos. Hago referencia a estas lecturas, porque de alguna manera me influenciaron para pintar las leyendas. De igual manera, los dibujos de Gustave Doré, tanto del libro de Dante, como de otros libros tuvieron en mí desde la adolescencia una gran influencia. Me fascinaban aquellas figuras no sólo por lo que le decían si no por lo que representaban en tanto que Imagen. Mi ojo adolescente se educó estéticamente allí, ya que me divertía diferenciando los dibujos realizados por cada autor. De todos ellos tuvo en mí un gran impacto los dibujos de Al Foster como los de Hogarth con las tiras cómicas de “Tarzán”, de “El Príncipe Valiente” y “Flash Gordon”.


